¿Quién fue Warja Lavater? Una nueva forma de narrar los cuentos populares
Lo que buscaban artistas como Lavater —y lo que también consiguió el profesor Miras en aquella clase— fue romper las expectativas que todos teníamos sobre ese artefacto convencional al que llamamos libro. De ese juego artístico que intenta redefinir los límites del soporte literario nace una obra polifónica en la que confluyen distintas miradas, texturas e interpretaciones, y que convenimos en llamar libro de artista.
Una de las pioneras en cultivar este género fue Warja Lavater, diseñadora gráfica suiza influida por las ideas de la Bauhaus, que dio el salto del mundo de la publicidad a sus primeras incursiones en la abstracción narrativa. Estas exploraciones la llevaron a convertirse en lo que ella misma denominó Bildstellerin, o «escritora de imágenes». En 1962, la Basilius Presse publicó sus primeros libros de artista en una serie titulada Folded Stories, entre los que se encontraba su archiconocido William Tell. Esta obra anticipaba la gestación de su proyecto más célebre: la colección Imageries, compuesta por distintos volúmenes de cuentos clásicos infantiles versionados por la autora y publicados a partir de 1965 por Maeght Éditeur en París.
En obras como Le petit Chaperon (1965), Le miracle des roses (1986) o La fable du Hasard (1968), Lavater toma como base el cuento tradicional y, a través de un proceso de abstracción, representa personajes y espacios mediante formas geométricas cuya codificación aparece descifrada en una leyenda inicial. De este modo, es el «lector» quien decodifica las imágenes y construye su propia historia a medida que recorre el libro. Además, el formato plegado —en leporello o acordeón— resulta fundamental para la autora a la hora de establecer el marco espacio-temporal del relato, que se despliega de forma continua a lo largo de los más de cuatro metros que alcanza el libro.
En nuestra asignatura de Investigación, Innovación y Uso de TIC en la Enseñanza de Lengua y Literatura, el profesor decidió fragmentar el orden del leporello de Lavater y cedernos el papel de creadores de la historia de Cendrillon. Aunque existe una versión de los hermanos Grimm, la autora parte de la de Charles Perrault (1697), en la que se eliminan los elementos más escabrosos y se incorporan otros como el hada madrina —que sustituye a la figura materna de la protagonista— o el zapato de cristal, esencial para el desarrollo de la trama.
En cuanto a su estilo narrativo, Lavater no se limita a ilustrar la historia, sino que se erige como autora, es decir, «reescribe» el cuento mediante un nuevo lenguaje visual con el que transmite no solo acciones, sino también sensaciones y actitudes. Lo logra, por ejemplo, a través del uso de colores cálidos y fríos, así como mediante recursos como el zoom, que le permite acercarse a personajes y escenarios en los momentos álgidos del relato.
El uso de este libro en el aula de secundaria —al igual que el de cualquier otra de sus narrativas visuales— contribuye a revitalizar las ficciones populares, ya que permite que el alumnado construya su propio «texto» a partir de la interpretación de códigos visuales. Lo que hace Warja Lavater es crear un lenguaje universal que puede ser decodificado por cualquier lector, independientemente de su lengua materna o de su edad. Así, su obra trasciende las fronteras de lo lingüístico y supera también otros límites culturales. Precisamente por ello, quienes hemos tenido la oportunidad de realizar prácticas en centros con un alto porcentaje de estudiantes que aún no dominan la lengua encontramos en las obras de Lavater un recurso valioso para reducir las desigualdades lingüísticas que muchos de ellos experimentan.
La autora suiza defiende la potencia de lo visual, y es por ello que el uso de códigos narrativos activa la dimensión experimental y lúdica de cada libro. De este modo, se estimula la imaginación del alumnado y se fomenta su implicación a través de la manipulación y la interpretación de las ilustraciones, siempre en función de sus propios conocimientos y experiencias.
Cierro esta entrada con una frase del profesor e investigador Juan Cervera: «El cuento es la conversación más larga que se puede tener con un niño». Que nuestras conversaciones con el alumnado, por tanto, sean siempre largas y diversas.



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