Práctica 5. Conoce a Octavio Paz "A fondo".
Octavio Paz se presenta en esta entrevista de “A fondo” (1997) como un intelectual, cuya trayectoria busca interpretar la modernidad y el destino humano a través de una profunda consciencia histórica y literaria. Desde sus orígenes, Paz destaca la dualidad de su herencia cultural: una madre de ascendencia andaluza que le vinculó a España mediante el canto popular, y un padre revolucionario, representante de Emiliano Zapata, con quien mantuvo una relación marcada por el desentendimiento.
A diferencia de este último, señala a su abuelo paterno, escritor y liberal, como la figura fundamental en su despertar intelectual, ya que le proporciona una vasta biblioteca donde descubre a clásicos como Cervantes y Galdós. Su formación se complementa en el Colegio de San Ildefonso, espacio que describe como un recinto sagrado y germen de sus ilusiones juveniles por transformar la realidad.
Otra piedra angular de su pensamiento es la crítica mordaz al Estado centralista, al cual califica como el gran criminal del siglo XX por monopolizar el poder político, económico y la ideología, y que, por tanto, se convierte, para Paz, en el propietario de las almas. El intectual mexicano identifica este centralismo de herencia azteca y castellana como un mal moderno, pues ha derivado en la creación de ciudades expansivas, monstruosas e invasivas que han culminado con la paz de los antiguos poblados.
Paz aúna este fracaso con otros que cataloga como inmensos: la Revolución Mexicana y la independencia de latinoamérica. En este sentido, lo atribuye a la falta de una edad crítica que instaurase una modernidad plena o un siglo XVIII equivalente al europeo, que hubiera fomentado la tolerancia y el escepticismo frente al dogma político.
Durante su análisis sobre la identidad mexicana, Paz describe al ser de México como un rostro vivo y atormentado que requiere de una máscara de impasibilidad para protegerse. Igualmente, señala que en la sociedad mexicana se entiende a la mujer como un enigma, como una otra en la cual se omite su condición humana y se la trata como un concepto abstracto. Pese a la modernización técnica, Paz sostiene que el ser humano contemporáneo mantiene estructuras psíquicas antiguas, siendo aún análogo a los cazadores del paleolítico en sus creencias e instintos profundos.
Para consolidar su pensamiento, su experiencia internacional ha sido determinante, desde su participación en la Guerra Civil Española —donde defiende que el escritor debe permanecer ajeno a las iglesias partidistas para preservar su facultad crítica— a su labor como embajador en la India. En este último, el descubrimiento de la filosofía budista y el concepto de la vacuidad marcaron definitivamente, según Paz, su visión del destino.
Su carrera diplomática culmina con su renuncia en 1968, tras la represión de Tlatelolco. Un acto, para Paz, de integridad ética frente a un gobierno que sustituyó el diálogo por la fuerza. Finalmente, Paz entiende la escritura y la poesía como el esfuerzo por capturar la esencia del mundo —su verdad—, mediante construcciones verbales ritmicas y sensoriales que expresen, nombren y rescaten la realidad antes de que se desvanezca.


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