Práctica 7. Artículo sobre DLL: «Por un teatro queer en las aulas: La diversidad afectivo-sexual y de género en el teatro infantil y juvenil» (Guillermo Soler Quílez)
A la hora de elaborar esta séptima práctica, he elegido el artículo «Por un teatro queer en las aulas: La diversidad afectivo-sexual y de género en el teatro infantil y juvenil», de Guillermo Soler Quílez. Han sido varios los motivos que me han llevado a esta elección. El más importante de todos reside en el que siempre ha sido mi interés por el teatro —tanto en su dimensión puramente artística como en su dimensión educativa—. Como otras razones de peso para elegir este artículo, también he de referir lo importante que me parece dar visibilidad a las realidades queer dentro y fuera de las clases, la reputación positiva que tiene la revista en que se publica el artículo —Catalejos—, la notoria actualidad de este último (18 (9); 2024) y, cómo no, el hecho de que esta investigación está llevada a cabo por un profesor de la casa, Guillermo Soler Quílez.
Comenzando con su análisis, puedo decir, en primer lugar, que este artículo tiene el objetivo principal de defender académica y pedagógicamente la necesidad de integrar las dimensiones de la diversidad afectivo-sexual y de género en el ámbito escolar y a través del teatro.
En el momento de comenzar a justificar el anterior planteamiento, Soler Quílez parte de la premisa de que el teatro es, sin lugar a dudas, un instrumento educativo de primera magnitud para la formación integral de la persona, favoreciendo aspectos tan positivos como la empatía, la socialización y la creatividad. No obstante, el autor también denuncia la escasez de obras dramáticas dirigidas, de forma específica, al público infantil y juvenil de España, especialmente en comparación con otros géneros literarios que sí cuentan con una mayor representación ante los jóvenes.
En una clara unión con lo que acaba de quedar resumido, el marco teórico del artículo se asienta sobre la pedagogía queer —conocida de un modo muy profundo por Soler Quílez—, que exige una necesaria revisión de los cánones de lectura escolares. Y es que, históricamente, la educación de la nación española —sobre todo, durante la dictadura franquista— ha tratado como algo anormal o invisibilizado cualquier identidad no normativa. En este sentido, la investigación demuestra de una forma muy contrastada cómo esta heteronorma persiste en las prácticas escolares actuales, marginando estas formas de vida disidentes. Por ello, se propone, como una verdadera necesidad, la llegada de una «justicia curricular» que ofrezca una reparación identitaria a través de obras que, sin dejar de ser estéticamente estimables, incluyan referentes LGTBIQ+.
Dicho todo esto, Soler Quílez incluye una primera clasificación de todo el teatro juvenil LGTBIQ+ del que disponemos actualmente, basada en la establecida originalmente por Michael Cart y Christine A. Jenkins. Estos investigadores fijaron tres categorías, seguidas por nuestro autor detalladamente. La primera es la de las obras inicialistas, que visibilizan el proceso de «salir del armario». Un ejemplo es La edad de la ira, de Nando López. En segundo lugar, está la categoría asimilacionista. Estas obras cuentan con personajes que ya han asumido su identidad y la viven plenamente, aunque sí puedan enfrentar rechazo externo. Una muestra la tenemos en Beca y Eva dicen que se quieren, de Juan Luis Mira. Por último, están los textos dramáticos de tipo integrado. En ellos, la diversidad aparece de forma natural, sin ser el motor central del conflicto de la trama. Uno de los ejemplos dados por Soler Quílez es Saltar sin red, de Nando López. Hecho todo este recorrido, el autor concluye que las obras con conflicto —interno o externo— son las más interesantes para el aula, porque permiten reflexionar sobre la LGTBfobia y transformar la visión del alumnado.
Igualmente, el artículo también se centra, de un modo algo más específico, en el reflejo de algunas temáticas particulares. Por ejemplo, en relación con los conflictos familiares y la homofobia interiorizada, Soler Quílez resume que, en la obra Beca y Eva dicen que se quieren, se retrata a un personaje que no acepta su propia identidad debido a los prejuicios sociales; o que, en La edad de la ira, se plasman, a través del thriller, la presión social y el acoso.
Otra temática muy abordada es la de las identidades trans. Aquí, el autor habla de textos dramáticos como #Malditos16 —Nando López—, donde el rechazo de un padre lleva a un intento de suicidio; Dados —José Padilla—, que emplea el recurso del viaje en el tiempo para dar esperanza a un joven trans; o Beautiful Julia —Maribel Carrasco—, que explora la transición de Daniel a Julia. También ha llamado mi atención, especialmente, el estudio que Soler Quílez lleva a cabo en torno a las obras que plasman la terrible relación homofobia-deporte. Por ejemplo, en Play Off, Marta Buchaca denuncia el machismo y la invisibilidad lésbica en el fútbol femenino; o, en Solos en la cumbre, Olga Mínguez explora la gran homofobia que existe en el fútbol masculino, con un genial mensaje de autoaceptación frente al odio. De igual modo, la investigación dedica un espacio al teatro infantil. En relación con él, se menciona, entre otros títulos, la adaptación de Rey y rey —Linda De Haan y Stern Nijlandal— al teatro de títeres: Príncipes… Otra historia de amor, de Eleonora Castel.
A modo de conclusión, este completo análisis de Soler Quílez viene a decir que la lectura dramática de estas obras le otorga al alumnado la genial oportunidad de sentir las pasiones y miedos de personajes diversos. Así, al presentar conflictos generados por la diferencia, se fomenta un espíritu crítico esencial para destruir la LGTBfobia desde la raíz. En definitiva, el autor reafirma que el teatro juvenil LGTBIQ+ no es solo literatura dramática, sino también una herramienta política y pedagógica capaz de construir una escuela más justa e inclusiva. Bajo mi punto de vista, no puedo hacer más que suscribir sus necesarias palabras.


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